Contesta aunque el mostrador esté ocupado
Mientras se atiende a quien está delante, el agente de voz coge la llamada, escucha lo que necesitan y da la cita. Nadie escucha un tono que no para.
En una clínica, cada llamada perdida es una cita perdida. Suena el teléfono mientras el mostrador atiende a un paciente, o a las nueve de la noche cuando ya no hay nadie, y ese paciente llama a la clínica siguiente. Montamos la centralita y un agente de voz con inteligencia artificial que coge esas llamadas, da la cita y avisa al paciente. Y detrás va todo lo demás: la conectividad, la WiFi de la sala de espera, las cámaras y la seguridad de una historia clínica.
Y es donde más dinero se pierde sin que aparezca en ninguna cuenta, porque una llamada que no se coge no deja rastro.
Mientras se atiende a quien está delante, el agente de voz coge la llamada, escucha lo que necesitan y da la cita. Nadie escucha un tono que no para.
La gente llama cuando sale de trabajar. Fuera de horario el agente sigue atendiendo, y por la mañana tienes las citas puestas en lugar de un buzón lleno.
El lunes a primera hora no hay cola ni comunica: si entran seis llamadas, se atienden las seis.
Un aviso por WhatsApp o por llamada el día antes, con opción de confirmar o cambiar. Las ausencias son el otro agujero silencioso de una agenda.
Una urgencia, una reclamación o algo que se sale del guion se transfiere a una persona con el resumen de lo hablado. No hay pacientes dando vueltas por un menú.
Cada conversación se guarda transcrita y se puede buscar por palabras. Útil cuando alguien dice que pidió una cosa y se le dio otra.
El RGPD trata la información de salud como categoría especial: exige más medidas y las sanciones son mayores. Esto es lo que montamos por debajo.
La WiFi de la sala de espera va por su lado, sin ver los equipos de consulta ni el servidor. Es lo primero que mira cualquier auditoría.
Recepción y accesos sí; consultas, vestuarios y aseos no. Lo montamos y lo dejamos por escrito, con el cartel informativo y el plazo de conservación. Videovigilancia.
La historia clínica no se puede perder. Copias programadas, verificadas y con un juego fuera del alcance de la propia red.
El profesional que consulta desde casa entra por VPN y con doble factor, no publicando el escritorio a internet.
La tenemos nosotros, verificable en el CCN-CERT, y aplicamos ese mismo criterio a la red de la clínica. Si trabajas con la administración, hace falta.
Teléfono, internet, WiFi, cámaras y seguridad de la misma casa. Cuando algo falla no hay tres proveedores señalándose.
Sin cerrar la clínica ni cambiar el número de toda la vida.
Cuántas llamadas entran, cuántas se quedan sin coger, qué se pregunta siempre y cómo se dan las citas ahora.
La portabilidad la gestionamos nosotros y el número no deja de funcionar. Nadie tiene que avisar a los pacientes de nada.
Con vuestro tono, vuestros tratamientos, vuestros horarios y qué no debe decir nunca. Y con lo que puede resolver solo y lo que transfiere siempre.
Se prueba con casos reales, se ajusta y solo entonces se pone delante. No aprende a costa de vuestros pacientes.
Se revisan las conversaciones reales de las primeras semanas y se corrige lo que chirría. Un agente mejora con lo que atiende.
La línea, la centralita y el agente de voz salen de nuestra propia red, con sede en Sevilla y servicio en toda España. Un único responsable del teléfono de la clínica: si un lunes por la mañana algo no va, respondes con nuestro soporte y no con el número de atención de un fabricante.
Da la cita. El agente consulta la disponibilidad real contra vuestra agenda, propone los huecos que hay, la confirma y la deja puesta. No es un contestador que apunta un teléfono para que luego alguien devuelva la llamada: eso sería mover el problema de sitio.
Mantiene una conversación normal, sin menús ni «pulse uno», y la mayoría de la gente resuelve sin preguntárselo. Dicho esto, nosotros recomendamos que el agente lo diga al empezar: genera más confianza que disimularlo, y evita el mal trago del paciente que se siente engañado.
Se le pasa. En cuanto lo pide, o en cuanto la consulta se sale de lo que el agente puede resolver, la llamada se transfiere con un resumen de lo hablado para que nadie tenga que repetirse. Vosotros decidís qué se transfiere siempre: una urgencia, una reclamación o lo que marquéis.
Es lo primero que miramos. El agente consulta y escribe en vuestro sistema si este permite conectarse, que es lo habitual en los programas de gestión de clínicas. Si no lo permitiera, hay alternativas —trabajar contra un calendario compartido, por ejemplo—, pero conviene saberlo antes de empezar y no después.
La centralita va desde 6,50 € al mes por extensión, sin IVA, y el agente de voz desde 95 € al mes con 500 minutos de conversación incluidos, también sin IVA. Para una consulta con dos o tres personas eso cubre de sobra. A partir de ahí depende de cuántas llamadas atendáis: dinos cuántas entran al mes y cuánto duran de media y te damos el número cerrado.
Sí. Las sedes se comportan como una sola clínica: un número de entrada, extensiones en cada consulta y llamadas internas gratis entre ellas. El paciente llama a un sitio y por dentro se reparte según horario, especialidad o quién esté libre.
En recepción, accesos y salas de espera sí, informando con el cartel obligatorio y guardando las imágenes el tiempo justo. En consultas, vestuarios y aseos no: ahí no cabe justificación, y es donde se concentran las denuncias. Lo montamos con ese criterio y lo dejamos documentado, pero la decisión final conviene revisarla con quien lleve vuestra protección de datos.
Nuestra infraestructura está en centros de datos en España, y somos operador registrado en la CNMC con certificación ENS categoría Alta. Es una pregunta que conviene hacerle a cualquier proveedor cuando se manejan datos de salud, porque la respuesta cambia bastante de uno a otro.
La centralita y la portabilidad del número, cuestión de días, y el número no deja de funcionar en ningún momento. El agente de voz lleva algo más porque hay que prepararlo con vuestros tratamientos, vuestros horarios y vuestra forma de hablar, y probarlo antes de ponerlo delante de un paciente.
Cuéntanos cómo atendéis hoy el teléfono de la clínica y te decimos qué se puede automatizar y qué no.