Lo que haya en cada sitio
4G, 5G, radioenlace o satélite, según cobertura y según qué haya que mandar. A veces la solución es combinar dos. Conectividad.
Una planta solar está donde no hay fibra, no hay vecinos y no hay nadie mirando. Y necesita salir a internet para que se monitorice, y vigilancia real para que el cobre siga donde lo dejasteis. Montamos la conexión —por 4G, 5G, radioenlace o satélite, según lo que haya—, la VPN hasta los equipos y las cámaras que avisan cuando alguien entra, no al día siguiente.
El problema de una instalación en campo abierto no es el ancho de banda: es que llegue algo, y que siga llegando en agosto.
4G, 5G, radioenlace o satélite, según cobertura y según qué haya que mandar. A veces la solución es combinar dos. Conectividad.
Si la única línea cae, alguien tiene que conducir hasta allí. Una segunda vía sale más barata que el desplazamiento.
Inversores, contadores y sistemas de control accesibles en remoto, cifrados y sin publicar nada a internet, que es como se cuelan en las instalaciones industriales.
Lo que monitoriza la planta no comparte camino con lo demás. Firewall en el punto de entrada.
En 4G y satélite cada mega cuenta. Se dimensiona por lo que de verdad hay que mandar, no por lo que cabe.
Monitorizamos el enlace: si una planta se queda sin comunicación, lo vemos nosotros y no os enteráis por el informe del mes.
El robo de cable no es un imprevisto en este sector: es un coste que se repite, y el parte del seguro no devuelve las horas de planta parada.
No un grabador que se mira después. Detección en el perímetro y aviso en el momento en que alguien entra. Videovigilancia.
Que es cuando pasa. Con iluminación infrarroja o cámaras térmicas según el tamaño del perímetro.
Al móvil del responsable, a una central receptora o a los dos. Lo que no sirve es que la grabación se vea al día siguiente.
Si se llevan el grabador, se llevan la prueba. Copia fuera de la instalación.
El acceso remoto va por VPN. Publicar el grabador con una contraseña es la vía de entrada más común.
Todas las instalaciones vistas desde el mismo sitio, sin entrar en cada una por separado. Varias sedes.
Cada desplazamiento a una planta cuesta un día. La conectividad se justifica sola cuando se cuentan los viajes que evita.
Saber que una planta está produciendo lo que debe, y enterarse el mismo día si no, no al cierre del mes.
Un inversor parado es producción perdida cada hora. El aviso tiene que salir solo, no descubrirse en la siguiente visita.
Las lecturas para liquidar, sin que nadie tenga que ir a leerlas.
Que la vigilancia siga viva. Una cámara caída no avisa de nada, y se sabe cuando ya ha pasado algo.
El técnico entra por VPN a lo que necesita, cuando se le abre. No con un acceso permanente que nadie revisa.
Una consola con el estado de la cartera entera, en vez de entrar en cada instalación por separado. Varias sedes.
La conexión de la planta la damos nosotros, no la revendemos: red, numeración y soporte propios, con sede en Sevilla y servicio en toda España. Cuando una instalación se queda incomunicada en mitad de agosto, no hay tiempo para abrir una incidencia con un mayorista y esperar.
Primero se mide, porque la cobertura sobre el papel y la que hay a pie de planta rara vez coinciden. Con señal débil, muchas veces basta una antena direccional bien orientada. Sin señal ninguna, la respuesta es radioenlace si hay un punto con visión directa, o satélite. Lo que no hacemos es prometer 4G donde el mapa dice que sí y el terreno dice que no.
Bastante menos de lo que la gente supone: los datos de producción son pequeños. Lo que dispara el consumo es el vídeo. Por eso se separan las dos cosas y se configura la cámara para mandar solo lo que importa —el evento, no las veinticuatro horas— cuando la conexión es de 4G o satélite.
Sí, por VPN, que es la única forma sensata. Cada persona entra con su usuario y llega solo a lo que le corresponde. La alternativa que se ve demasiado —publicar el equipo a internet con una contraseña— es exactamente por donde entran los incidentes en instalaciones industriales.
Avisan. Se configura la detección en el perímetro y el aviso sale en el momento al móvil del responsable, a una central receptora o a las dos cosas. Una cámara que solo graba sirve para el parte del seguro, no para evitar el robo, y en este sector la diferencia entre las dos cosas son varios miles de euros.
Se montan como una sola red: todas las instalaciones vistas desde la misma consola, con la misma VPN y una sola factura con el desglose por planta. Abrir la undécima es replicar lo mismo, no empezar de cero.
Depende sobre todo de la tecnología que haga falta en ese sitio concreto: 4G bien orientado es lo más económico, el radioenlace requiere infraestructura en los dos extremos y el satélite es el más caro pero llega donde no llega nada. Por eso se mide antes: la diferencia entre una opción y otra es grande, y se decide con datos del terreno, no del mapa de cobertura.
Sí, y es lo habitual: el consumo de las comunicaciones y las cámaras es mínimo comparado con lo que genera la instalación. Lo que sí conviene es que tenga respaldo propio, para que siga funcionando precisamente cuando la planta está parada, que es cuando más interesa poder ver qué pasa.
Segundos. La detección se hace en la propia cámara y el aviso sale por la conexión de la planta al móvil del responsable o a la central receptora. Esa inmediatez es toda la diferencia: con un sistema que solo graba, cuando alguien lo revisa el cable ya está en otro sitio.
Damos servicio en toda España y tenemos 40 puntos de asistencia técnica repartidos por el país. La mayor parte del trabajo de una instalación así se hace en remoto una vez montada, que es justamente el motivo de montarla.
Cuéntanos dónde están tus instalaciones y qué necesitas monitorizar, y te decimos qué se puede hacer en remoto.