Respaldo que entra solo
Una conexión 4G/5G que toma el relevo en segundos cuando la fibra falla. El camarero no se entera y el cliente tampoco. Fibra y respaldo.
Un restaurante sin conexión no es un restaurante con un problema informático: es un restaurante que no puede cobrar. El datáfono, el TPV, los pedidos de las plataformas y las reservas van todos por la misma línea, y un viernes a las nueve de la noche no hay margen. Montamos esa línea con respaldo, la WiFi de los clientes por su lado, y un agente que coge las reservas mientras vosotros estáis en la sala.
Todo lo demás da igual si el viernes por la noche el datáfono no tiene línea.
Una conexión 4G/5G que toma el relevo en segundos cuando la fibra falla. El camarero no se entera y el cliente tampoco. Fibra y respaldo.
Se reserva caudal para el datáfono y el sistema de pedidos, para que no compitan con los clientes viendo vídeos.
Los clientes no ven el TPV, ni la caja, ni las cámaras. Es lo primero que hay que separar y lo último que suele estarlo.
El cliente entra con un código o desde el QR de la mesa, ve tu marca y acepta las condiciones. Y queda registro de quién se conectó.
Las zonas donde nunca hay cobertura suelen ser justo donde está el datáfono portátil. Se mide antes.
Que el hilo musical o las pantallas no se lleven la línea que necesita la caja.
Nadie puede coger el teléfono a las dos y media un sábado. Y quien llama para reservar y no le cogen, llama al de enfrente.
Un agente de voz con IA atiende, dice si hay mesa, la reserva y lo deja apuntado. También a las doce de la noche.
Si entran seis llamadas se atienden las seis. No hay tono de comunicando en el peor momento del día.
Horarios, si hay aparcamiento, si hay menú sin gluten, si se puede ir con perro. Preguntas que se repiten cien veces al mes.
Un recordatorio por WhatsApp con opción de confirmar o cancelar. Las mesas que no se presentan son dinero que no vuelve.
Si tenéis turismo, el agente atiende en el idioma del que llama con el mismo criterio.
Caja, accesos y almacén sí; comedor y aseos con criterio, y zonas de descanso del personal nunca. Videovigilancia.
El delivery añadió una capa entera de sistemas que dependen todos de la misma línea.
Cada plataforma con su aparato, todos pidiendo red y todos avisando a la vez en hora punta.
Un pedido que no llega a cocina es una reseña de una estrella y un reembolso. Y casi siempre es la conexión, no la app.
Se reserva caudal para el cobro y las comandas. Lo demás compite entre sí, eso no.
Sin sala pero con más volumen de pedidos que un restaurante, y con toda la operación colgando de la red.
Parece un detalle hasta que deja de imprimir en pleno servicio. Va en la red del negocio, no en la de clientes.
El que llama para encargar y no le cogen, pide en otro sitio. Un agente de voz lo atiende mientras estáis en la sala.
La línea, el respaldo, la WiFi y el teléfono salen de nuestra propia red, desde Sevilla y para toda España. Cuando un viernes por la noche el datáfono no va, no hay tiempo para que dos proveedores discutan de quién es el problema: hay una cola en la barra.
Con respaldo contratado, entra la conexión 4G/5G en segundos y el datáfono, el TPV y los pedidos siguen funcionando. Normalmente nadie se da cuenta. Sin respaldo, el local se queda sin cobrar con tarjeta y sin recibir pedidos hasta que se restablezca, que puede ser una tarde entera. Es la diferencia entre un incidente y una noche perdida.
Reserva. Consulta la disponibilidad real, propone lo que hay, la confirma y la deja puesta. Hasta dónde llega depende de con qué sistema de reservas trabajéis: si permite conectarse, que es lo habitual, el agente trabaja contra él. Si no, recoge los datos y quedan listos para cerrarlos en un minuto.
En caja, accesos y almacén no hay discusión. En el comedor se puede con criterio —informando con el cartel y sin enfocar mesas concretas de forma innecesaria—, pero en aseos, vestuarios y zonas de descanso del personal no, en ningún caso. Es donde se concentran las denuncias y donde más multas se ponen.
Se montan como una sola empresa: un número de entrada, extensiones en cada local, llamadas internas gratis y una sola factura con el desglose por local. Lo contamos en empresas con varias sedes.
Si está bien montada, no. El portal de bienvenida deja constancia de quién se conectó y cuándo, y la red de clientes va separada de la del negocio, así que nadie puede llegar al TPV desde el móvil de la mesa 7. El riesgo aparece cuando se comparte una sola WiFi para todo, que sigue siendo lo más habitual.
Bastante menos que una noche sin cobrar con tarjeta. El respaldo es una conexión 4G/5G que está ahí sin usarse y solo entra cuando la principal falla, así que se paga por tenerla disponible. Para un local con datáfono, TPV y plataformas, es de las contrataciones que antes se amortizan: basta un corte de una tarde para pagarla.
No, si están separadas y con el reparto bien hecho, que es como lo montamos. El problema aparece cuando se comparte una sola red: entonces alguien viendo vídeos en la mesa 7 sí puede hacer que el datáfono tarde. Con redes separadas y caudal reservado para el cobro, eso no puede pasar.
Sí, y conviene contarlo en el dimensionado en lugar de descubrirlo. El hilo musical consume poco pero constante, y si además hay pantallas con contenido, suma. Va en la red del negocio con su prioridad, por debajo del cobro y de las comandas.
Sí. Consulta la reserva por el teléfono desde el que se llama, la modifica o la cancela y lo deja actualizado. Es tan útil como reservar: una mesa cancelada con tiempo se vuelve a vender, y una que simplemente no se presenta es dinero perdido en el mejor turno de la semana.
Cuéntanos cómo es el local y cómo tomáis las reservas hoy, y te decimos qué se puede automatizar.