Exteriores de verdad
Pistas, piscina y terrazas con equipos preparados para estar a la intemperie, no un punto de acceso de interior metido en una caja. WiFi profesional.
Un club no es una oficina grande: es un recinto. Pistas, piscina, terrazas, salón social y casa club, con cientos de socios entrando el mismo sábado por la mañana. Montamos la red que cubre todo eso de verdad, el control de quién entra, y un agente que coge las reservas de pista a las once de la noche, que es cuando la gente las pide.
El problema de un club no es el ancho de banda: es la distancia, el exterior y que todo el mundo llega a la vez.
Pistas, piscina y terrazas con equipos preparados para estar a la intemperie, no un punto de acceso de interior metido en una caja. WiFi profesional.
Casa club, vestuarios y almacén enlazados por radioenlace donde abrir zanja no sale a cuenta.
Un torneo o una final llenan una zona concreta de golpe. Se dimensiona para el pico, no para el martes por la tarde.
Los socios no ven la caja, ni la gestión, ni las cámaras. Redes separadas de verdad, no solo claves distintas.
El socio entra con su número y el invitado con un código. Y queda registro de quién se conectó.
Si se cae la fibra, el cobro y el control de accesos siguen con 4G/5G. Fibra y respaldo.
La mayoría del trabajo administrativo de un club es repetir la misma información y apuntar reservas.
Un agente de voz mira la disponibilidad, la reserva y la confirma. También el domingo por la noche, que es cuando se piden.
Horarios de piscina, precio del invitado, si hay clase de pádel, cuándo abre la cafetería. Preguntas que secretaría contesta cien veces al mes.
Recordatorio de la reserva, cambio de horario por lluvia o convocatoria de junta, por WhatsApp o por llamada.
Quién entra, cuándo y por dónde, con el socio identificado en el torno o en la puerta.
Accesos, aparcamiento, zonas comunes y almacén sí. Vestuarios, aseos y duchas nunca. Videovigilancia.
Clubes con instalación urbana y campo, con un solo número y una sola factura. Varias sedes.
La parte administrativa de un club la suelen llevar una o dos personas, y buena parte de su día es repetir lo mismo.
Datos personales de cientos de familias, que hay que guardar con cabeza y poder borrar cuando toca.
Gestionar devoluciones de cuotas y avisar al socio, sin que se convierta en la tarea del mes.
Una junta, un corte de agua o un cambio de horario por lluvia, comunicado a todos los socios de golpe por WhatsApp o llamada.
Que suena todo el rato para preguntar lo mismo. El agente responde y solo pasa lo que hace falta.
El fichero de socios y la contabilidad no se pueden perder. Verificadas y con un juego fuera de la red.
La junta y la gestoría entran a lo suyo por VPN, con permisos distintos según quién sea.
La fibra que entra al club, los enlaces entre edificios, la WiFi del recinto y el teléfono de secretaría son nuestros y se ven desde el mismo sitio, con sede en Sevilla y servicio en toda España. En un club, cuando algo no va, la queja llega a la junta directiva el mismo día.
Sí, pero no con equipos de interior. Hacen falta puntos de acceso preparados para exterior, con protección contra agua y sol, y colocados según un estudio de cobertura: en campo abierto la señal se comporta de forma muy distinta a como lo hace dentro de un edificio. Lo que no funciona nunca es sacar la antena del router de secretaría por una ventana.
Sí. Consulta la disponibilidad real, ofrece los huecos que hay, la reserva y la confirma. Hasta dónde llega depende del programa de gestión del club: si permite conectarse, que es lo habitual, el agente trabaja contra él. Si no, recoge los datos y quedan listos para que secretaría los cierre en un minuto.
No. En vestuarios, duchas y aseos no cabe ninguna justificación, por muchos robos que haya habido, y es donde se concentran las sanciones más altas. Lo que sí se puede es cubrir los accesos a los vestuarios y las taquillas desde fuera, que resuelve buena parte del problema sin cruzar esa línea.
No siempre. Si hay visión directa entre la casa club y el edificio de vestuarios o el almacén, un radioenlace resuelve el enlace sin abrir zanjas, que en un club con césped y pistas suele ser lo más caro y lo más molesto de toda la instalación. Se decide midiendo el terreno.
Sí. Se trabaja por zonas y fuera de los horarios de más afluencia, dejando siempre la red anterior funcionando hasta que la nueva está probada. En un club eso importa especialmente, porque cualquier corte en fin de semana lo nota todo el mundo a la vez.
Un club maneja datos de cientos de familias, a menudo con menores, y eso lo pone en el mismo nivel de exigencia que una empresa mediana aunque lo lleven dos personas. Lo básico es que el fichero no viva en el ordenador de secretaría sin copia, que los accesos sean nominales y no una contraseña que sabe todo el mundo, y que las copias estén verificadas. Ninguna de esas tres cosas cuesta dinero apenas: cuesta ordenarlo una vez.
Sí, por WhatsApp o por llamada automática, con el mensaje que haga falta y a los grupos que se definan: todos, solo los de tenis, solo los de la escuela infantil. Es especialmente útil para lo que se decide con poca antelación, como suspender una actividad por lluvia, que es cuando el teléfono de secretaría se colapsa.
La centralita va desde 6,50 € al mes por extensión, sin IVA, y el agente de voz desde 95 € al mes con 500 minutos incluidos. La WiFi del recinto y las cámaras dependen del tamaño de las instalaciones y de cuántos edificios haya que enlazar, y eso se dimensiona con una visita: en un club, la superficie manda sobre el número de socios.
Sí, y en un club con junta directiva y presupuesto anual suele ser lo práctico. Se empieza por lo que más molesta —normalmente la cobertura en pistas o el teléfono de secretaría— y se amplía después. Lo importante es que el diseño esté pensado desde el principio para el conjunto, aunque se ejecute por partes.
Cuéntanos cómo es el recinto y cuántos socios sois, y te decimos qué se puede cubrir y qué se puede automatizar.