Cada profesional, su extensión
Con su número directo si lo necesita, y funcionando igual en el despacho, en casa o en el juzgado desde el móvil.
Un despacho guarda lo que sus clientes no le contarían a nadie más. Expedientes, nóminas, contratos, declaraciones. El secreto profesional os obliga a proteger eso, y el RGPD os pide poder demostrar que lo habéis hecho. Montamos la telefonía y la seguridad del despacho con ese punto de partida: quién entra, desde dónde, y qué pasa el día que algo se pierde.
Un cliente que llama por su asunto no quiere un menú de opciones. Quiere que le cojan y le pasen con quien lleva su expediente.
Con su número directo si lo necesita, y funcionando igual en el despacho, en casa o en el juzgado desde el móvil.
Si quien lleva el asunto no está, la llamada salta a quien lo cubre antes de que el cliente cuelgue y llame a otro sitio.
Con transcripción y búsqueda por palabras. Útil cuando hay que recordar qué se acordó exactamente en una llamada.
Un agente de voz puede recoger el motivo de la llamada y dejarlo por escrito para primera hora.
Se sale con el número del despacho, no con el personal. Y cuando alguien se va, el número se queda.
La línea, la centralita y los móviles de la misma casa, con un interlocutor cuando algo falla.
No es el teléfono. Es qué pasa el día que un expediente desaparece o alguien entra donde no debe.
Programadas, verificadas y con un juego fuera del alcance de la propia red. Una copia que nunca se ha probado es una suposición, no una copia.
Acceso remoto por VPN y con doble factor. Publicar el escritorio a internet sigue siendo la vía de entrada de muchos incidentes.
Es por donde llega casi todo: filtrado, doble factor y control de las cuentas de Microsoft 365.
Se le retira el acceso a todo el mismo día, desde un sitio. No hay que acordarse de diez sistemas distintos.
El RGPD no pide comprar un producto: pide medidas apropiadas al riesgo y poder acreditarlas. El inventario y las copias verificadas son esa prueba.
La tenemos nosotros, verificable en el CCN-CERT, y aplicamos ese criterio a la red del despacho. Ciberseguridad.
Nadie prepara esto hasta que pasa, y entonces ya no hay tiempo. Estas son las cuatro preguntas que hay que poder responder.
Sin un inventario de sistemas y de dónde vive cada cosa, la respuesta es un silencio. Es el primer papel que se pide y el que casi nunca existe.
Con accesos nominales y registro se responde en un rato. Con una contraseña compartida por todo el despacho, no se puede responder nunca.
La pregunta no es si hacéis copias: es cuándo comprobasteis por última vez que se podían recuperar. Nosotros lo verificamos y queda registrado.
El RGPD da ese plazo para comunicar una brecha desde que se tiene conocimiento. Sin saber qué ha pasado, no se puede notificar bien ni a tiempo.
Es obligatorio para casi cualquier despacho y describe qué tratáis, para qué y con qué medidas. La parte técnica os la damos hecha.
Nosotros lo somos cuando gestionamos vuestros sistemas, con su contrato firmado. Es un papel que os van a pedir y conviene tenerlo antes.
La línea, la centralita y la seguridad salen de nuestra propia red, con sede en Sevilla y servicio en toda España. Un despacho no puede quedarse sin teléfono una mañana entera esperando a que dos proveedores decidan de quién es el problema.
Técnicamente sí, y es habitual en despachos para dejar constancia de lo acordado. Legalmente hay que informar a quien llama de que la conversación se graba, tener una base legal para hacerlo y guardar las grabaciones el tiempo justo, con acceso limitado a quien deba tenerlo. Lo dejamos configurado con el aviso automático al inicio de la llamada; la política concreta la fija quien lleve vuestra protección de datos.
Lo es si se monta bien. La diferencia está entre publicar el escritorio remoto a internet —que es como dejar la puerta abierta y confiar en la cerradura— y levantar una VPN donde cada persona entra con su usuario y su segundo factor, llegando solo a lo que le corresponde. Lo segundo cuesta lo mismo de mantener y es incomparablemente más seguro.
Depende de lo que hayamos acordado antes, y es una conversación que conviene tener cuando no ha pasado nada. Con copias verificadas y un juego fuera de la red, un despacho vuelve a trabajar el mismo día. Sin eso, la respuesta honesta es que nadie lo sabe hasta que ocurre, y para entonces ya es tarde.
Muchas veces sí, al menos en parte. Lo primero es un inventario de qué hay conectado, quién accede a qué y cómo se hacen las copias hoy. De ahí sale una lista corta de lo urgente, que casi nunca es comprar algo nuevo: suele ser cerrar cosas que están abiertas sin motivo.
Sí. Somos operador nacional y damos servicio en toda España; el equipo está en Sevilla y hay 40 puntos de asistencia técnica repartidos por el país. La telefonía y la seguridad se implantan y se mantienen en remoto sin problema, y donde hace falta ir, se va.
Es cualquier incidente que provoque la destrucción, pérdida, alteración o acceso no autorizado a datos personales: desde un ordenador cifrado por un ransomware hasta un correo con un listado enviado a quien no era. El RGPD da 72 horas para comunicarlo a la Agencia desde que se tiene conocimiento, y si hay riesgo alto, también a los afectados. Lo difícil no es notificar: es saber qué ha pasado exactamente, y para eso hacen falta registros que la mayoría de despachos no tiene.
En la práctica se usa en todos los despachos, así que la conversación útil no es si se puede sino cómo se acota. Lo mínimo: que sea desde un número del despacho y no del personal, que lo que se trate ahí acabe en el expediente y no solo en el móvil de alguien, y que cuando esa persona se vaya el histórico no se vaya con ella. Con un número de empresa y la conversación registrada, eso se resuelve.
Menos de lo que la gente teme, porque lo urgente casi nunca es comprar: es cerrar cosas que están abiertas sin motivo, poner doble factor y verificar las copias. La centralita va desde 6,50 € al mes por extensión, sin IVA. Lo demás depende del tamaño del despacho y de lo que ya tengáis montado, y sale de un inventario previo que no cuesta nada.
Al revés: un despacho pequeño es el objetivo más frecuente precisamente porque se le supone sin defensas, y maneja información igual de sensible que uno grande. La diferencia no está en gastar más, está en tener lo básico bien hecho. Con cuatro personas se puede tener el correo protegido, las copias verificadas y los accesos controlados sin que suponga un departamento de informática.
Cuéntanos cómo trabajáis hoy y te decimos qué está bien, qué falta y por dónde empezar.