Coge la llamada aunque estéis debajo de un coche
El agente de voz atiende, pregunta matrícula y motivo, mira el hueco y da la cita. Sin que nadie se limpie las manos.
En un taller nadie está esperando a que suene el teléfono. Y quien llama para pedir cita y no le cogen, llama al siguiente taller de la calle. Montamos un agente de voz que coge esas llamadas, da la cita y avisa de la revisión o de la ITV, y por debajo la red de la nave, las cámaras del patio y la conexión que necesita el equipo de diagnosis.
Un taller pequeño pierde citas todos los días sin enterarse, porque una llamada no atendida no deja rastro.
El agente de voz atiende, pregunta matrícula y motivo, mira el hueco y da la cita. Sin que nadie se limpie las manos.
La gente llama al salir de trabajar, cuando el taller ya ha cerrado. Por la mañana tienes las citas puestas, no un buzón lleno.
Un mensaje al cliente cuando le toca, con opción de pedir cita ahí mismo. Es trabajo que hoy se va a otro taller por no acordarse.
Las citas que no se presentan dejan un elevador parado media mañana.
Horarios, si hay coche de sustitución, si trabajáis con su aseguradora, cuánto tarda una revisión.
Una avería en carretera o una reclamación se transfiere a una persona con el resumen de la conversación.
Estructura metálica, puentes grúa, elevadores y polvo. Una WiFi doméstica ahí dura lo que dura.
La chapa y el hormigón se comen la señal. Se mide antes de instalar, no después de las quejas. WiFi profesional.
Cada vez más máquinas necesitan salir a internet para actualizar o consultar. Con red estable, no colgadas de un móvil.
Vehículos de clientes aparcados fuera durante días. Accesos, patio y almacén de recambios, con grabación y aviso. Videovigilancia.
Zona de trabajo y almacén sí; vestuarios, aseos y sala de descanso del personal no, en ningún caso.
Si se cae la fibra, el TPV y el sistema de gestión siguen con 4G/5G. Fibra y respaldo.
Un número de entrada, extensiones en cada nave y una sola factura. Varias sedes.
Entre el cliente y la factura hay más pasos de los que parece, y casi todos pasan por el teléfono o por la red.
Consultas a proveedores y a los catálogos de marca, todo el día y desde el taller. Si la línea falla, se para el trabajo, no solo la oficina.
Fotos, informes y plataformas que hay que subir con plazo. La subida importa más que la bajada, y suele ser la mitad que va escasa.
Se manda por WhatsApp o correo desde el número del taller, no desde el móvil personal de nadie, y queda registrado.
Es la llamada más repetida del día. El agente puede responder si el sistema de gestión lo permite consultar.
Coches de clientes aparcados fuera durante días es responsabilidad vuestra. Cámaras con aviso, no solo grabación.
Un número, extensiones en cada nave y una factura. Varias sedes.
La línea, el respaldo, la WiFi de la nave y el teléfono salen de nuestra propia red, desde Sevilla y para toda España. En un taller no hay nadie de informática: cuando algo falla se llama a un sitio, y ese sitio somos nosotros.
No hace falta que sepa. Su trabajo no es diagnosticar, es coger la cita: preguntar la matrícula, el motivo y cuándo le viene bien, mirar el hueco y dejarlo apuntado. Cualquier cosa técnica se transfiere a una persona con el resumen de lo hablado. El que sabe de coches sois vosotros; el agente solo evita que esa llamada se pierda.
Sí, y suele ser lo que más se nota en facturación. Con la fecha de matriculación o de la última inspección se manda un aviso por WhatsApp o por llamada cuando toca, con la opción de pedir cita en ese mismo momento. Es trabajo que ya es vuestro y que hoy se va a otro sitio simplemente porque nadie se acuerda.
Casi siempre por la estructura. La chapa, el hormigón y los elevadores reflejan y bloquean la señal, y un router doméstico en la oficina no llega ni por asomo al foso del fondo. Se resuelve midiendo el espacio y colocando los puntos de acceso donde hacen falta, que no es donde llega el cable que ya había.
Sí, desde el móvil o desde el ordenador, con usuario propio y sin abrir el grabador a internet, que es como se cuelan en la mayoría de instalaciones. Se puede configurar además un aviso cuando hay movimiento en el patio fuera de horario, que es cuando de verdad interesa enterarse.
Funcionan como uno solo: un número de entrada que reparte según horario o según quién esté libre, extensiones en cada nave, llamadas internas gratis y una sola factura con el desglose por taller.
Sí, y es lo que ya hace medio sector, pero conviene que sea desde un número de empresa y no desde el móvil personal de un mecánico. Con un número del taller la conversación queda donde debe, el cliente no se queda con el teléfono particular de nadie, y cuando esa persona se va el histórico no se va con ella.
La centralita va desde 6,50 € al mes por extensión, sin IVA, y el agente de voz desde 95 € al mes con 500 minutos incluidos. Para un taller pequeño eso cubre de sobra el volumen de llamadas. La WiFi y las cámaras dependen del tamaño de la nave y se dimensionan con una visita.
Depende de cuántas se pierdan, no de cuántas entren. Un taller de tres personas que deja sin coger cuatro llamadas al día está perdiendo unas veinte citas al mes, y ese número casi nunca se ha medido porque una llamada no atendida no deja rastro. Si tenéis centralita, se puede saber antes de contratar nada.
Las que se ponen sí. Para taller y campa se usan equipos con protección contra polvo y agua, que es distinto de una cámara de oficina. Lo que no aguanta es una instalación doméstica: en un ambiente con polvo de lijado y cambios de temperatura, dura meses.
Cuéntanos cómo lleváis hoy la agenda del taller y te decimos qué se puede automatizar.