Llamadas entre sedes, gratis
Marcar una extensión de otra oficina no cuesta nada y no sale por la red pública. Es tráfico interno.
Cada sede con su operador, su instalador y su factura es el origen de casi todos los problemas. Llamar de una oficina a otra cuesta dinero, nadie sabe de quién es la culpa cuando algo se cae, y el gasto real solo se ve al sumar diez facturas distintas. Montamos la red y la telefonía de todas las sedes como una sola empresa: una centralita, un número de entrada, y nosotros como único responsable de que funcione.
Para el cliente que llama hay un número. Para vosotros, extensiones en todas partes como si estuvierais en la misma planta.
Marcar una extensión de otra oficina no cuesta nada y no sale por la red pública. Es tráfico interno.
El cliente llama a un sitio y por dentro se reparte por horario, por especialidad o por quién esté libre en ese momento.
El comercial que va de una sede a otra —o que está en el coche— sigue siendo la misma extensión, desde el móvil o el portátil.
Abrir oficina es dar de alta extensiones y llevar la línea. No hay que montar otra centralita ni contratar otro proveedor.
Fibra, móviles y centralita de todas las sedes en un documento, con el desglose por oficina si lo necesitáis para imputar costes.
Cuando algo falla, nadie os manda a hablar con el operador de la otra provincia.
Que las sedes se comporten como una es un problema de red antes que de telefonía.
Todas las sedes ven el mismo servidor, las mismas carpetas y la misma impresora de red, con el tráfico cifrado entre ellas. Firewall en cada punta.
Una segunda línea o un acceso 4G/5G que entra solo cuando la principal falla. Una sede caída no puede parar a las demás.
Con SD-WAN se usan las dos líneas a la vez y lo importante —la voz, el ERP— se va por la que mejor esté en cada momento.
En la sede principal o en nuestra nube, según quién acceda y desde dónde. Si trabajan todas las sedes, la nube casi siempre gana.
No sirve blindar la central y dejar abierta la delegación pequeña: se entra por donde es más fácil, no por donde es más grande.
Monitorizamos las líneas y los equipos de todas las sedes: normalmente vemos que una se ha caído antes de que llamen.
Lo que hoy cuesta tres semanas por sede debería costar tres días. Esta es la diferencia.
Es lo único que no se acelera: la acometida depende de la infraestructura del edificio. Se pide en cuanto hay dirección.
La sede abre conectada aunque la fibra no esté. Luego el respaldo se queda como segunda vía.
El firewall y los puntos de acceso salen de aquí ya configurados. En destino se enchufan.
No hay centralita que instalar: se dan de alta y funcionan. El número de entrada ya existe.
La sede nueva no empieza siendo la más débil, que es lo que pasa cuando cada una se monta con quien había cerca.
Sin abrir otro contrato, ni otro interlocutor, ni otro ciclo de facturación.
Damos nosotros la fibra de cada sede, la VPN que las une y la centralita que las comparte, desde Sevilla y para toda España. Esa es la diferencia con juntar tres proveedores: cuando una sede se queda sin línea, no hay una conversación sobre de quién es el problema.
No, y normalmente no conviene. Lo habitual es empezar por la sede principal, dejarla funcionando y ver cómo va, e ir incorporando las demás según vencen sus contratos. La centralita ya está montada desde la primera, así que cada sede nueva es dar de alta extensiones, no volver a empezar.
Sí. La factura es una, pero con el desglose por sede para que podáis imputar el coste a cada centro. Es una de las cosas que más se agradecen cuando hay contabilidad analítica: con diez proveedores distintos, cuadrar eso es un trabajo de dos días al mes.
Si tiene respaldo contratado, entra solo y esa sede sigue trabajando, normalmente sin que nadie se dé cuenta más allá de que va algo más lenta. Si no lo tiene, esa sede se queda sin línea pero las demás no se ven afectadas: la centralita está en la nube, no en ninguna de las oficinas.
No, y es lo que hace que esto funcione. Está en nuestra nube, así que no depende de que la sede principal tenga luz o línea. Con una centralita física en la central, un corte allí deja sin teléfono a toda la empresa: es el fallo clásico del montaje antiguo.
Se resuelve con lo que haya: radioenlace, 4G/5G o satélite, según la ubicación. No es raro en naves industriales o en delegaciones pequeñas. Lo importante es que esa sede entre en la misma red y en la misma centralita que las demás, aunque llegue por otro camino.
Con dos ya se nota, sobre todo en las llamadas internas y en tener un solo interlocutor. A partir de tres o cuatro la diferencia deja de ser de comodidad y pasa a ser de dinero, porque el ahorro de unificar líneas y móviles empieza a ser visible en la factura.
No hay que romper nada. Se empieza por las sedes cuyo contrato vence antes o por la principal, y las demás se incorporan según toca. La centralita se monta desde la primera, así que cada sede que entra es dar de alta extensiones. Lo habitual es una transición de varios meses, no un corte.
Sí, y sin coste, porque es tráfico interno de la centralita y no sale a la red pública. Es una de las cosas que más se nota el primer mes, sobre todo en empresas donde hoy se llama de móvil a móvil entre delegaciones sin que nadie haya medido nunca cuánto suma eso al año.
Sí. Se puede tener numeración de la provincia de cada sede aunque la centralita sea única, que es lo que se busca cuando se quiere aparecer como una empresa cercana en cada zona. Y a la vez un número de entrada común para la atención centralizada.
Entran igual. Una delegación de dos personas no necesita su propia infraestructura: necesita una línea, un firewall pequeño y dos extensiones de la misma centralita. Precisamente son las que peor suelen estar montadas, porque no dan para justificar un proyecto propio, y las que más se aprovechan de ir dentro del conjunto.
Cuéntanos cuántas sedes sois y cómo estáis conectados, y te decimos qué se puede unificar y cuánto se ahorra.