Estudio de cobertura, no a ojo
Se mide el edificio antes de taladrar. Colocar puntos de acceso por intuición es lo que produce la habitación que nunca tiene señal.
Una reseña de tres estrellas por el WiFi cuesta más que el WiFi. Y casi siempre no es el ancho de banda: es que hay cuatro routers domésticos cubriendo un edificio pensado para otra cosa, y a las once de la noche hay doscientos móviles peleándose por ellos. Montamos la red del hotel para que aguante lleno, y con ella el teléfono, las reservas fuera de horario y las cámaras.
Un hotel lleno son cientos de dispositivos a la vez en el peor sitio posible: paredes gruesas, plantas iguales y todo el mundo conectándose a la misma hora.
Se mide el edificio antes de taladrar. Colocar puntos de acceso por intuición es lo que produce la habitación que nunca tiene señal.
El problema del vestíbulo lleno no es que la señal no llegue: es cuántos dispositivos aguanta cada punto de acceso a la vez. WiFi profesional.
El huésped entra con su habitación o con un código, ve la marca del hotel y acepta las condiciones. Y queda registro de quién se conectó, que es lo que pide la normativa.
Los invitados no ven el PMS, ni la caja, ni las cámaras. Es lo primero que mira una auditoría y lo último que suele estar hecho.
Que un huésped descargando no deje sin conexión a los demás, y que la red del personal siempre tenga sitio.
Un salón con doscientas personas en un congreso es otro escenario distinto, y se dimensiona aparte. Eventos.
Fuera de recepción también se reserva, y a las once de la noche no hay nadie para cogerlo.
Un agente de voz con IA atiende la llamada, responde lo de siempre —horarios, aparcamiento, desayuno— y recoge o confirma la reserva.
El sábado por la mañana no comunica. Si entran ocho llamadas se atienden las ocho, y la que necesite una persona se transfiere.
Recepción, cocina, mantenimiento, dirección. Y en el móvil para quien se mueve por el edificio.
El agente atiende en varios idiomas con el mismo criterio de respuesta en todos.
Cada conversación transcrita y buscable. Útil cuando alguien dice que reservó una cosa y hay otra.
La línea, la centralita y la WiFi de la misma casa, con soporte propio.
En un hotel casi todo va por la misma red. La lista es más larga de lo que parece.
Si el sistema de gestión no responde, no se hace un check-in. Va por su segmento y con prioridad, no compitiendo con el streaming de la 304.
Restaurante, bar y recepción cobrando. Con la línea con respaldo, un corte de fibra no cierra la caja. Fibra y respaldo.
Cada vez más elementos de la habitación piden red. Conviene que no compartan camino con los invitados.
El sistema de TV consume y a veces mucho. Se dimensiona contándolo, no descubriéndolo después.
Las plataformas de reserva sincronizan disponibilidad todo el día. Si esa conexión falla, se vende una habitación dos veces.
Extensiones en cocina, gobernanta y mantenimiento, y en el móvil para quien se mueve por el edificio.
La fibra que entra al hotel, el firewall que la protege y la WiFi que la reparte son nuestros, y los vemos desde el mismo sitio. Con sede en Sevilla y servicio en toda España. Un hotel no puede quedarse sin conexión un puente esperando a que dos proveedores se pongan de acuerdo.
No se calcula por habitaciones, sino midiendo. Depende de la construcción —el ladrillo macizo y el hormigón se comen la señal—, de la distribución de las plantas y de cuánta gente se concentra a la vez en los espacios comunes. Se hace un estudio de cobertura antes de tocar nada, porque colocar puntos de acceso a ojo es exactamente lo que produce el hotel con WiFi irregular.
El portal de bienvenida guarda quién se conectó y cuándo, que es lo razonable para poder responder si alguna vez hay un requerimiento. Los datos se guardan el tiempo justo y con acceso limitado. La política concreta conviene revisarla con quien lleve la protección de datos del hotel.
En accesos, recepción, pasillos comunes, aparcamiento y zonas de servicio sí, con el cartel informativo y guardando las imágenes el tiempo justo. En habitaciones, aseos y vestuarios no, en ningún caso. Lo montamos con ese criterio y lo dejamos documentado. Videovigilancia.
Puede recoger la reserva, confirmarla y responder lo que se pregunta todos los días. Hasta dónde llega depende de con qué sistema de gestión hable el hotel: si el PMS permite conectarse, que es lo habitual, consulta disponibilidad real. Si no, recoge los datos y los deja puestos para que recepción los cierre en un minuto en vez de en una llamada.
Sí. La instalación se planifica por plantas o por zonas y se hace en las horas de menos ocupación, dejando siempre la red anterior funcionando hasta que la nueva está probada. Los huéspedes no se enteran, que es la única forma aceptable de hacerlo en un hotel.
Se montan como una sola empresa: una centralita para todos, llamadas internas gratis entre establecimientos y una sola factura con el desglose por hotel. Lo contamos en empresas con varias sedes.
La regla de «tantos megas por habitación» engaña, porque nadie usa la conexión a la vez ni de la misma forma. Lo que de verdad determina la experiencia es cuántos dispositivos aguanta cada punto de acceso y cómo se reparte el caudal, no el número total contratado. Un hotel con mucho caudal y pocos puntos de acceso mal colocados da peor servicio que uno con la mitad y bien montado.
Sí, y es habitual: una red gratuita suficiente para navegar y correo, y un nivel superior de pago para quien necesita videollamadas o descargar. Se gestiona desde el portal de bienvenida. Dicho esto, conviene que la gratuita sea razonable: cobrar por algo que se percibe como básico es una de las causas más frecuentes de reseña negativa.
Que aparecen, y tardan mucho en irse. La conectividad es de las cosas que más se mencionan en las valoraciones de hoteles urbanos, por delante de detalles del propio alojamiento. Y una vez publicada, la reseña sigue ahí aunque el problema se arregle al mes siguiente: por eso sale más barato dimensionarlo bien que corregirlo después.
Sí, con equipos preparados para exterior, que no es lo mismo que meter uno de interior en una caja estanca. Hay que contar además con que en verano esas zonas concentran a mucha gente a la vez, así que se dimensionan por densidad y no por superficie.
Cuéntanos cómo es el edificio y cuánta gente cabe, y te decimos qué hace falta para que aguante lleno.